Esta comunidad es para cronistas, documentalistas, diseñadores e ingenieros de sonido, productores, periodistas, oyentes y muchos otros que se unen en el mundo del podcast.

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Cómo Hicimos un Podcast Viajando por el Mundo

Cómo Hicimos un Podcast Viajando por el Mundo

Con trabajo a tiempo completo y un itinerario que nos llevó por Europa, Asía y América, se nos ocurrió producir un podcast sobre los lugares que visitábamos. Y lo que en principio parecía una idea alocada, se convirtió en parte de nuestro viaje.

Por Romina Viola y Maximiliano Albella

Era una tarde de mucho calor, como suele ser una tarde de julio en el estado de Quintana Roo, en México. Transcurría el cuarto mes de nuestro viaje, o vida viaje como me gusta llamarlo. Trabajábamos en una mesa de vidrio y caña en el alojamiento Airbnb que habíamos alquilado por un mes en Playa del Carmen. El ventilador no hacía más que agitar el aire caliente de un lado a otro y el wifi nos llegaba como por débiles ráfagas alimentando nuestras computadoras. Era viernes, nos quedaban un par de horas de trabajo antes de cortar e ir a la quinta avenida a sudar sobre otras superficies, para disfrutar de una chela (cerveza) bien fría y de las bandas locales de músicos mexicanos.

De fondo sonaba Gorda Podcast, un programa hecho por una productora argentina donde tres mujeres comentaban estrenos de cine y series. Desde nuestros primeros días como nómadas digitales en Asia habíamos incorporado el hábito de escuchar podcasts en español. Siempre nos hacía sentir un poco más cerca de casa, sin importar lo lejos que estábamos.

–Me encantaría hacer un podcast –le dije a Maxi.
–¿Sí? –me preguntó, sin levantar la mirada de la pantalla de su laptop–¿Y sobre qué hablaríamos?
–De nosotros. De nuestra vida. De los viajes, con las cosas buenas y malas. De nuestro recorrido, de las escapadas al cine, de las horas de aeropuerto. Lo que le contaríamos a nuestros amigos si estuvieran acá –contesté.

Minutos más tarde, un micrófono pequeñito, Samson Go-Mic, volaba para encontrarnos en Orlando, Florida, antes de que abandonáramos América en pos de un recorrido por Asia y Europa que nos llevaría varios meses.

El primer episodio lo grabamos un par de semanas después, en una mesa de vidrio diferente, en un Airbnb diferente, en otro continente. Era la segunda semana que pasábamos en Penang, Malasia, y el resto de nuestros compañeros de casa ya se habían ido a dormir. Compramos un vino argentino a diez dólares en el mercado local, nos sentamos uno junto al otro con la computadora frente a nosotros, el micrófono conectado y una lista de 10 ítems de los cuales queríamos hablar en el episodio. No teníamos más guion que esa breve lista y la introducción, que repetimos en los 15 episodios de la primera temporada.

La primera experiencia no fue exactamente placentera. Nos sentimos inseguros, un poco necios, como si habláramos solos o estuviéramos lanzando una botella con un mensaje al vacío. Nos pisábamos mientras hablábamos y hasta nos costaba ponernos de acuerdo en vivo. Definitivamente, no sonábamos tan profesionales como nos hubiera gustado. La espontaneidad marcaba la pauta de cómo sería nuestro programa. La falta de experiencia nos hizo fallar en varias cosas, pero esas cosas se convirtieron en lecciones que pudimos incorporar a futuro.

No quisimos publicarlo hasta estar seguros. Como seguimos de viaje, también seguimos grabando episodios. Fuimos a Singapur, luego dejamos Asia para embarcarnos en un viaje de tres meses por el Viejo Continente. Grabamos en Madrid y en Valencia, donde nos acompañó un amigo que estaba de paso. Sabíamos que durante las siguientes semanas íbamos a cambiar de ciudad cada siete días. Los dos manteníamos un trabajo a tiempo completo, pero decidimos que el podcast iba a ser una prioridad, no podía ser de otra manera.

Elegíamos grabar la noche anterior a abandonar cada destino para recordar lugares y nombres a la perfección, para poder transmitir la vibra de cada ciudad mientras seguíamos respirando su aire y caminando sus calles. Con el tiempo nos fuimos transformando en dos nómadas digitales, recorriendo el mundo, dejando una huella. Haciendo preguntas, visitando ciudades, contándole a quien quiera escuchar qué se siente visitar un lugar remoto disfrazado de local.

Elegimos Audioboom como plataforma por consejo de Luciano Banchero, un referente y amigo, a quien le enviamos el episodio piloto y nos devolvió una pila de audios de Whatsapp con consejos y feedback. Alesandro, mi hermano, hizo la música de la cortina y Marta, mi amiga y jefa, grabó el mensaje de apertura. Maxi se puso la camiseta de DJ y armó la cortina final. El proyecto iba tomando forma y los tres primeros archivos aguardaban expectantes en una carpeta compartida de Google Drive.

Fue en Barcelona donde decidimos enfrentar nuestros miedos y ansiedades, allí apretamos el temible botón “Publicar”. El primer problema nos atacó segundos después.

Verán, nuestro podcast inicialmente se llamó “Modo Avión”. Pero luego de publicarlo, saltar de la emoción y abrazarnos, hicimos la búsqueda en iTunes y nos dimos con que… ya había otro podcast con ese nombre. –Ya sé, lo deberíamos haber buscado antes ¡Yo juro que lo hice!… aunque soy bastante distraída y puedo haberlo imaginado–.

Estábamos en la Plaza Catalunya, en Barcelona, llovía torrencialmente, yo temblaba de la adrenalina. Nos metimos corriendo al Apple Store, que estaba lleno de gente buscando el iPhone 8 que había sido lanzado el día anterior. Busqué la información del otro podcast, era un solo episodio piloto y hablaba de aviones (no de viajes). Le escribí al productor, le pregunté si era un proyecto abandonado y si nos dejaría quedarnos con el nombre. Me dijo que querían mantenerlo porque, si bien lo tenían de lado, pensaban continuarlo algún día. Minutos después, estábamos sacando el podcast del aire y éste volvía a la carpeta de Google Drive. Nosotros volvimos al Airbnb caminando desilusionados bajo la lluvia catalana.

Fue momento de reagruparnos y crear un nuevo plan. Maxi es diseñador y pensó visualmente cuál sería la mejor manera de solucionar el problema del nombre. Le agregamos “En” para distinguirnos del otro programa. Actualizamos las carátulas y los íconos. Respiramos profundo y, desde un Starbucks con el aire acondicionado congelándonos, le dimos click a “Publicar”.

Al día siguiente, me desperté y un amigo me había enviado una captura de pantalla del chart de los Apple Podcasts en español. ¡Estábamos en primer lugar!

Los siguientes meses continuaron siendo una montaña rusa de emociones y aventuras. Poder compartirlas con nuestros oyentes, amigos y familia vía podcast semanalmente nos abría un mundo de posibilidades y de sentimientos compartidos. Éramos dos viajando, pero no estábamos más solos.

Nos pasaron mil cosas: tuvimos que grabar un episodio entero nuevamente porque estábamos en un subsuelo, dejamos el celular cerca del micrófono y hacía ruido de interferencia. En algunas casas no teníamos wifi confiable y debíamos editar el programa y subirlo desde el tren camino al siguiente destino. En varias ocasiones configuramos mal el micrófono y tomaba el ruido del ambiente a mayor volumen que nuestras voces. Maxi merecería ganar un Grammy por la edición de mis carcajadas que tantas veces saturaban el audio.

Pero nuestra audiencia perdonó cada una de nuestras fallas técnicas y supo entender que eran los pequeños detalles que hacían especial nuestro programa producido “en el camino”. En un par de semanas se formó una comunidad muy especial, al punto que cuando nos comprometimos en Italia surgió la pregunta: ¿cómo lo contamos en el podcast?

Hoy escribo estas líneas en una ventana, en otra tengo listos para imprimir los pasajes al siguiente destino. Mientras nosotros sigamos en camino, En Modo Avión va a seguir en construcción. Seguirá creciendo con cada nuevo oyente que le ponga play y nos deje acompañarlo en su propio recorrido.

Mientras conocíamos el mundo, el podcast nos abrió las puertas de otro mundo que desconocíamos. Descubrimos los podcasts como una manera de acercarnos a nuestro hogar y, con nuestro propio proyecto, descubrimos que podíamos llevarlo a donde vayamos. ¿No les parece mágico?

Este artículo fue el texto central de nuestro boletín bi-semanal. Puede suscribirse al boletín en nuestra página web.


Para aquellos productores que quieran probar y producir un podcast en el camino Romi y Maxi comparten estos cinco consejos:

  1. Tener pensando en dónde se grabará el episodio, para evitar ruidos e interferencias. Evitábamos espacios con eco, ventanas abiertas, o dejar el teléfono cerca. Por lo general, siempre grabamos sentados en el espacio más grande del Airbnb en el que estábamos.
  2. Conseguir un micrófono portátil de buena calidad y que no sea pesado, ya que para viajar es algo a tener en cuenta. Nosotros usamos el Samson Go-Mic.
  3. Viajar puede ser agotador. Es conveniente grabar los episodios en algún momento del día en el que estés sin estrés y con energía.
  4. Es imprescindible tener buen WIFI ya que subir los archivos puede tomar mucho tiempo si la conexión no es buena. En los lugares que fallaba — como Milán, por ejemplo, donde teníamos 2GB por semana y nada más — buscábamos espacios de CoWorking o un café que nos “salve la vida”.
  5. Se deben tener en cuenta las zonas horarias, ya que en algunos lugares del mundo los episodios van a salir al aire o muy tarde o muy temprano en el día. Definir dónde está nuestra audiencia antes de publicar.

Romina Viola. Cordobesa sin acento recorriendo el mundo. Es licenciada en Comunicación Social. Adora escribir casi tanto como leer ficción. No se puede quedar quieta un minuto. La puedes encontrar en el cine, cocinando o detrás de su laptop. @romikid

Maximiliano Albella. Mitad Diseñador Gráfico mitad Motion Grapher. Perdición por las historietas y los videojuegos. Indiana Jones de aeropuerto. @maxialbella

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